El gran reto de la comunicación científica es evitar un tono excesivamente científico y llegar al público general con un estilo, unos mensajes y unas imágenes que le inviten a querer comprender y aprender. Dicho esto, sin renunciar al rigor y la importancia de explicar la complejidad de los ecosistemas.

Pasear por el bosque. Oler la tierra, la madera muerta. Sentir la presencia de pájaros en las ramas y pequeños mamíferos escondidos. Y en el horizonte, el paisaje. Cuando visitamos un espacio natural, no somos conscientes de lo que estamos viendo ni de por qué ese lugar es como es. Por eso, BOSCAT, la Federación Catalana de Asociaciones de Propietarios Forestales, ya ha creado tres senderos forestales: uno en Alcover, otro en Castellar del Vallès y un último en un bosque de Tarragona, junto al Monasterio de Santes Creus: el bosque de Șanț Sebastià. Como explica la propia BOSCAT, el objetivo es crear un «museo viviente» del paisaje del futuro, ya que llevar a cabo un proyecto museográfico y museológico en un espacio natural tiene la ventaja de contar con «naturaleza viva». Para desarrollar este último itinerario, BOSCAT se puso en contacto conmigo para crear un sistema de señalización menos técnico, pero igualmente educativo.

Esta ruta tiene 6 paradas y en cada una de ellas hay un panel explicativo. Estos paneles sirven para explicar los distintos aspectos destacados de la ruta, que se centran en:
- * Una zona forestal que ha sido gestionada y que permite explicar los resultados de la gestión forestal multifuncional. * El paisaje en el que se enmarca la ruta. * La presencia de la actividad silvopastoral (especialmente con cabras), sobre todo durante el otoño.
El valor educativo, a pesar de no tener un interés natural específico, que permite explicar muchos procesos naturales.La oportunidad de observar un paisaje mosaico y el bosque gestionado frente al no gestionado.
Este «experimento» no habría sido posible sin el trabajo colaborativo con el equipo de Boscat y el gran trabajo de ilustración, diseño y maquetación de Alba Coor. Las seis paradas de la ruta tienen sus propios nombres: «bosque», «compost», «corrales», «tocones»... y el texto que sigue pretende presentar el bosque como un espacio donde tienen lugar muchas interacciones: donde se desarrollan muchas historias.




